Guía para la supervivencia en Cuba

cientifico_Charles_Darwin
Imagen: http://www.sea-astronomia.es

Charles Darwin propuso, en su teoría evolutiva, que dentro de una especie cualquiera los individuos no adaptables a las condiciones cambiantes de su entorno terminan por fenecer. No les queda más remedio que mutar en aras de sobrevivir.

Es curioso que esa ley sea aplicable a las sociedades humanas. Y como la única sociedad –dígase humana– que conozco de cerca es la de Cuba, debo lamentar que esa regla de la naturaleza se aplique aquí como si de una selva se tratase. Sí, porque no resulta lo mismo para un cubano adaptarse a una sociedad desarrollada, con sus apuros y sus lenguajes, que vivir diariamente la realidad enrevesada de su propio país.

Por ejemplo, una persona que clasifique como Ciudadano, tendría serias dificultades para adaptarse a Cuba. Un ciudadano es alguien que se siente libre, que no permite que se le maltrate o se irrespeten sus derechos, que tiene la capacidad de elegir a sus gobernantes y que, además de todo, vela porque sus semejantes tengan esas mismas garantías. Es, en fin, un individuo que casi ha desaparecido en este país por sucumbir a la depredación política y al terror de las masas populares, contando con que no haya huido hacia tierras menos hostiles.

Por lo tanto, sería útil en este punto elaborar una serie de indicaciones, para que quienes permanezcan en la Isla lo hagan con el menor riesgo posible. Para sobrevivir en Cuba –y no hablo de no morir, como sentenció Darwin, sino de evitar volverse completamente loco–, se necesitan los siguientes elementos:

  • Robar o desarrollar alguna otra actividad ilícita lucrativa: los salarios de los empleados estatales no alcanzan ni para comer, por lo que “hay que resolver” con algún producto que puedan hurtar en sus empleos, para venderlo en el mercado negro. Por su parte, los propietarios privados deben hacer malabares al margen de la legalidad para mantener sus negocios.
  • No “coger lucha”: evitar el pésimo estado de ánimo que causan las carencias y los malos tratos que se manifiestan a toda hora y en todo lugar. Una técnica excelente para combatir sus efectos negativos es el cinismo. Intente sonreír siempre y asentir discreta y continuamente, al estilo de los moderadores del espacio Mesa Redonda cuando tenían a Fidel Castro en el show.
  • No dar demasiadas muestras de bienestar: los que consigan una vida mejor siempre tendrán el ojo ajeno puesto encima, ya sea para defenestrarlos o robarles, pues a esto lleva la mediocridad reinante. Conviene una dosis razonable de paranoia y de recato.
  • No ser opositor al régimen: por nada, pero por nada del mundo se debe siquiera pensar libremente, fuera de la línea del Estado, alias La Revolución. Esto es lo más peligroso, y si usted es un disidente (o sea, una persona que no reconoce la legitimidad de la autoridad política) se recomienda un lavado de cerebro de urgencia, evitar la “juntamenta” con ciudadanos indeseables al gobierno y dejar de leer este blog in-me-dia-ta-men-te.

Cumplidos estos parámetros, a partir de entonces debería saber usted manejarse un poco mejor. ¡Patria o muerte, compañero!… ¿Venceremos?

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