La gracia de las gratuidades

Nadie me preguntó alguna vez si yo quería vivir en la Revolución. Sencillamente nací y crecí en este país donde o se está a favor de ella o no se está. No es fatalismo, ni mucho menos resignación, porque no lamento ser cubano ni pienso ser heredero obligado de doctrina alguna; pero lo cierto es que quien nace en esta tierra parece ser, más que responsable por su presente, culpable de su historia pasada. Desde que se está en los primeros años de la escuela, se nos pone al tanto del gran sacrificio que tuvo que hacer un puñado de hombres para que todos los que vinimos después gozáramos de sus majestades. Ese pequeño grupo es presentado como el auténtico fabricante de la libertad, como el maná que cayó no del cielo, sino de la Sierra Maestra, o como los guías que llevarían a todo un pueblo por la ruta de los antepasados independentistas de tiempos inmemoriales. Cuando la Revolución llegó al Poder convirtió toda la historia subsiguiente en epílogo de sí misma.

Quien osa desafiar la perfección de esa Patria Prometida y ser opositor a su gobierno inamovible es un blasfemo, y como tal, su imagen y su palabra deben ser lapidadas. A esto es a lo que convocan los adeptos del régimen que dedican su tiempo a adorar a los ídolos del castrismo.

Supuestamente, al Estado nos debemos todos porque nos da educación y salud gratuitas, además de que subsidia una canasta básica y pone en práctica millones de programas de ayuda a los sectores más vulnerables en la sociedad más justa del mundo. Y todo esto sin distinguir opinión política porque, sin reparar en cuán desleales seamos algunos, aún tendremos estas prebendas.

Sí, el Gobierno Revolucionario luce extremadamente generoso. De ahí que una de las primeras acusaciones que surgen por parte de los defensores del régimen hacia sus detractores es la de malagradecidos u oportunistas. Sin embargo, no me siento aludido porque enseguida viene esta pregunta: ¿qué le debo yo al Estado Cubano?

La respuesta es: nada, absolutamente nada. Mi deuda con los dueños de Cuba es nula. Más bien son ellos quienes deben preguntarse cuánto le deben a este país, pero es que ya lo han hecho y por eso están tan espantados; porque saben que son demasiados sueños irrealizados, demasiadas familias rotas, demasiado sacrificio en vano. Y saben, de igual forma, que al mito de las gratuidades sólo le queda una mortecina luz de su poder hipnótico de antaño: cada vez la salud es más cuestionable, la educación más inútil y el racionamiento más insuficiente. La deuda del castrismo con el pueblo cubano es impagable. Quien crea deberle algo valioso a este sistema no es más que un producto genuino de su adoctrinamiento.

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4 comentarios en “La gracia de las gratuidades

  1. Alejandro

    Tu blog me me renueva las esperanzas en tu generación que ya creía perdida, dentro de la incultura, generalizada que asola al país, que ya no saben escribir sin montones de faltas de ortografía y de redacción, y no digamos de falta de ideas.
    seguro que esa formación es mayoritariamente debida a tus padres que a las escuelas a las que asististe. Sigue escribiendo así que da gusto leerte.

  2. marctogo

    Mira aqui estoy de acuerdo contigo, esa misma repuesta me la hacian en publico cada vez que denunciaba una incivilidad “La revolucion te lo ha dado todo” asi que callate. y una pregunta y la gente sigue callada? Ya entendieron la mentira? Esa es la metira que ha durado ya 55 anos.

  3. Yolima Beltrn

    La verdad, esta historia se parece mucho a la de nosotros los venezolanos; y cada da con estupor oigo a gente dndoles las gracias a este gobierno por la limosna que da a los pobres; mientras por un lado se le dice que es malo ser pobre, queda una toda asombrada de la gran cantidad de camionetas y automoviles ltimo modelo que lucen cuando van a sus reuniones para adoctrinar a sus lacayos diciendoles que no deben aspirar demasiados; claro esta, es para que no le exijan mucho en nombre de cuidar a la revolucin y estos bandidos puedan seguir robando lo que es de todos. Con razn el difunto estaba empeado en dejar como heredero al fulano hijo adoctrinado por los Castros, por esa razn no quieren imponer un modelo que ustedes no aguantan, por estar sumamente desgastado.

    1. Rafael C.

      Asi mismo es Yolima, debo decirte que quien oye hablar de las “bondades del comunismo” que entre otras cosas proclama la “igualdad para todos” se da cuenta inmediatamente en el dia a dia de la falsedad e hipocresia de estos cara dura que gastan su tiempo en reuniones en hoteles cinco estrellas con lujos a todo dar, que tienen en sus garajes carros ya sean de lujo o no , los cuales no tienen sus congeneres y que reciben comida e insumos especiales que les llevan a escondidas a sus propias casas mientras el pueblo tiene que lidiar con la libreta de racionamiento, para no decir de que despues de tanto criticar a los “burgueses que vivian en sus barrios de ricos” ahora toda la nomenclatura de la dictadura vive en esas mismas casas que les quitaron a los supuestos burgueses demostrando que ellos viven de la frase ” has lo que yo digo y no lo que yo hago” !!como pueden tener la cara tan dura y tantos estupidos que los siguennnn !!

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