“Cuba dice”, sí. Pero… ¿Cuba hace?

Los intentos del gobierno cubano por mostrarse ante sus ciudadanos como el dirigente de un sistema que representa los intereses de su pueblo adoptan varias formas en los medios de información del país. Así, por ejemplo, desde hace años se viene publicando en el periódico principal de la nación, el Granma, una sección todos los viernes que se llama “Cartas a la dirección” y en donde se exponen quejas y opiniones de algunos individuos respecto a un problema determinado, así como las respuestas de los responsables en el asunto, caso de que estos se dignen en preocuparse.

Como nota, sería bueno aclarar que muchas de las cartas publicadas vienen con la eterna apología de quienes piden permiso con temor para protestar: rezagos evidentes de décadas de adoctrinamiento. Incluyen frases como “considerando que el socialismo es la única vía posible” o “partiendo de que los principios de la Revolución son irrenunciables”, y otros bocadillos que parecen más bien dictados por la redacción del diario.

Recientemente, en el noticiero de televisión ha venido apareciendo una sección llamada “Cuba dice” en donde, cámara y micrófono mediante, parte de la población expone alguna dificultad cotidiana. Las personas aparecen molestas en menor o mayor medida por sus padecimientos, y sin duda el objetivo inmediato y más noble del mensaje es responsabilizar y concientizar a los culpables (siempre alguna empresa u organismo del Estado). Pero quizá lo más importante no sea este resultado, sino dar la impresión de que hay una transparencia en la manera que se dirige el país: al menos se acepta que los problemas sean identificados en un show mediático y la población haga una catarsis moderada.

¿Por qué la suspicacia? Porque hace bastante tiempo se viene actuando de esta forma, incluso desde antes de que Raúl Castro fuese presidente del país, y los resultados aún no se observan. Ante la abrumadora cantidad de problemas y la popularidad en picada, la ideología ha perdido legitimidad y ha crecido el descontento general. Quienes antes se hacían de oídos sordos, ahora han debido disimular su limitación un poco mejor.

Los cubanos conocen de sobra sus problemas diarios. No necesitan que les recuerden por la televisión cuáles son algunos de ellos. La catarsis reproducida puede ser un arma de doble filo porque muchos se dieron cuenta ya de que sí, se dicen los problemas –o al menos una parte–, pero no se hace algo efectivo para solucionarlos. Lo que se denuncia hoy viene sucediendo desde hace décadas, sólo que jamás se le había prestado atención de esa forma.

Una idea entonces circula entre la gente y un amigo me la comenta: “Cuba dice”, cierto. Ahora, ¿qué se hace para atender efectivamente las quejas?

Se podrá tratar públicamente todo tipo de tema aislado, pero se sabe que hay que ir más allá, que hay un mar de fondo que no se tiene en cuenta y que las críticas serán más superficiales en la medida que el tiempo siga pasando. Y si este análisis no se discute en las calles es porque la mayor parte de la población, a falta de foros masivos independientes, lo realiza en silencio y actúa en consecuencia. Tanto así que cada cual sigue resolviendo su vida como puede, tratando de no detenerse demasiado frente a cada uno conflictos cotidianos de Cuba y sin muchas expectativas en las soluciones que puedan venir “desde arriba”.

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