Jefe de Nivel

Historia de una pequeña empresa

Un amigo cercano se alegró mucho ante la apertura de la economía cubana a las licencias para trabajar de manera independiente. Pensó que era la posibilidad de armar negocios sin el temor de quienes se mueven en la cuerda floja de la ilegalidad. Así que, como todo buen emprendedor, analizó el mercado, elaboró un proyecto con gastos de inversión, y con el dinero que poseía más el que le pudiesen prestar o regalar los amigos o la familia en el exterior comenzó una modestísima empresa que se dedicaría al entretenimiento.

No era un entretenimiento cualquiera. Como el amigo nunca perdió de vista que estaba en Cuba, supo que tenía que hilar bien fino si quería dedicarse a la industria del ocio. En un país donde el aburrimiento es la política oficial, trabajar en el ramo lúdico de forma independiente puede ser malinterpretado si se traspasan ciertos límites. Y como estos son, por lo general, estrechos, borrosos e itinerantes (dependen del pie con que se levanten de su cama los gobernantes), se trata de una actividad económica de alto riesgo. Así que optó por una modalidad bien atractiva para la recreación y que no parecía hacer daño a nadie: abrió una sala de videojuegos.

Obama-playing.jpg www.17bits.cl
De no ser esta foto un montaje, me pregunto a qué jugará B.Obama. Seguro los gobernantes cubanos pensarán que es un juego violento, que provoca que el presidente de EE.UU. “tome tan malas decisiones políticas”. Bravo por Barack.
Imagen: http://www.17bits.cl

Paréntesis: no será lo más instructivo del mundo, pero ¿a quién le importa? He tenido ocasiones de sentarme madrugadas enteras a jugar en LAN Parties y amanecer cayéndoles a tiros a mis amigos en un mundo virtual. Confieso que lo he pasado genial entonces, cuando el nerd que llevo dentro ha tenido oportunidad de salir. Realmente puede ser muy divertido y, pasándole por encima al embotamiento cerebral luego de un juego trasnochador (estrés postraumático que puede permanecer, en mi caso, durante las 24 horas siguientes), es una forma muy sana para compartir un rato.

Volviendo a la historia de hoy, el hombre se tiró con todo: compró un apartamento, lo arregló e instaló unas diez computadoras. Todas eran buenísimas y estaban listas para soportar casi cualquier juego de los más modernos. Aparte de todo, también se hizo de un televisor enorme y de una Play Station 3. Cierto que gastó una gran cantidad de dinero, pero enseguida comenzó a ver los beneficios pues los niños y adultos del barrio abarrotaron el sitio casi desde el primer día. Aquello no se vaciaba jamás desde que abría sus puertas hasta que cerraba y durante el tiempo de vacaciones el lugar fue una verdadera locura. A tal punto, que para acceder era necesario sacar un turno con días de antelación. No cabe duda de que a la gente le encantaba ir allí y que el amigo había conseguido levantar una empresa exitosa, a la cual el Estado cobraba un impuesto y de esta forma todos eran felices.

Sin embargo, la tranquilidad duró poco. Al cabo de unas pocas semanas se apareció en la puerta del negocio un individuo que se identificó como “El Inspector”. Pero este no era cualquier inspector, no: este señor decía ser un representante de algo relacionado con Cultura (Ministerio de) y que el contenido de los productos que se estaban consumiendo ahí no estaba “acorde a los principios de la Revolución”. Por más que el propietario mostrase su licencia que lo autorizaba a desempeñar una actividad lícita, fue advertido de que sería clausurado su establecimiento “por difundir un mensaje vacío, banal, que para nada tiene que ver con la política cultural del Estado Cubano“. Es más, si no cerraba el lugar iba a tener que enfrentar una multa descomunal.

Un Jefe de Nivel imbatible (epílogo)

De lo ocurrido con este y otros negocios que han cerrado o están por cerrar (los vendedores de artículos industriales también serán prohibidos) se pueden inferir varias moralejas:

  1. No existe un solo cuentapropista que esté a salvo. Los que vienen desempeñando hasta hoy actividades perfectamente normales, el día de mañana pudiesen verse enfrentados a la cruzada gubernamental contra el capitalismo. El éxito, el bienestar, la riqueza, son propiedades del Estado y sólo él está autorizado a administrarlas.
  2. Existe una voluntad manifiesta por parte de la oficialidad de que los cubanos no se diviertan. La gente no puede pasarlo demasiado bien. Hay que “trabajar duro” y descansar solamente mirando la descolorida Serie Nacional de Beisbol, los programas televisivos faltos de originalidad o los poquísimos lugares que hay para salir a pasear.
  3. Así como en los videojuegos nos encontramos un Jefe de Nivel al cual hay que vencer para continuar la historia, o que la trama de esta llegue a su final feliz, en Cuba pareciera que se vive en un nivel permanente donde combatimos con mucha desventaja a un jefe con el cual unos programadores se pasaron de rosca y no hay manera de vencerlo. ¿Cuántas vidas les quedarán a los cubanos para mantenerse en el juego?

Mejor presiono START para continuar, y comienzo desde el principio otra vez.

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