Un Consejo que no llegará a viejo

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He aquí una muestra de lo que toca en Cuba a los que protestan contra el régimen en virtud del derecho fundamental de la libre expresión. Algunas Damas de Blanco son agredidas verbalmente por turbas organizadas por el gobierno mientras sostienen fotos de Orlando Zapata, muerto en la cárcel tras una prolongada huelga de hambre. Imagen: cubanet.org

Por más que trate de entender de política internacional, debo reconocer que siempre me equivoco cuando creo haber captado su sentido de forma completa. Y cada vez me convenzo más de que los foros mundiales de la diplomacia son una mera pantalla donde cada participante proyecta la imagen que quiere dar de sí, diferente a la realidad del país que representa a medida que se desmarca del reducido grupo de las democracias ejemplares. Esto último me hace desconfiar más aún del papel que tiene Naciones Unidas, ese escenario frecuente de lamentables espectáculos como el de esta semana que concluye y que tuvo que ver con el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la mayor organización del orbe.

Cuba ha sido admitida otra vez en el Consejo de marras. Ese es, a mi juicio, el principal problema. Lo es porque soy cubano y no creo que eso ayude a mejorar la situación sino todo lo contrario, puesto que sirve para legitimar la dictadura que gobierna en la Isla. Por otra parte, pierdo la esperanza de que el orden global esté instituido para hacer valer en algún momento la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tan poco observada en mi país. A nadie parece importar realmente la situación de Cuba, o sólo interesa a unos pocos a quienes los medios oficiales del régimen de La Habana han sabido disfrazar de enemigos.

O no han sabido tanto ponerles el disfraz. Veamos: ¿quiénes son los que apoyan eso que se llama “Revolución Cubana”, esa fábrica de libertades defectuosas? ¿Quiénes son los que creen que Cuba merece realmente estar en el CDH?

Serán, por ejemplo, los No Alineados, donde ciertos políticos del tercer mundo visten de oro pero hacen cumbres para exigir dinero a los países ricos. Serán, por ejemplo, las otras naciones (salvando el concepto antropológico de nación) que fueron elegidas para formar parte del alegre Consejo: Arabia Saudí, un país donde las mujeres no pueden, por ley, manejar un automóvil; o China… sin comentarios.

Si los medios noticiosos gubernamentales en Cuba han dicho que la predecesora del Consejo, la Comisión de Derechos Humanos, fue sustituida porque en ella había países incapaces de garantizarlos y existía un “doble rasero”, entonces no cabe duda de que el engendro relativamente nuevo de la ONU va por el mismo camino. El propio Ban Ki Moon lo ha criticado a propósito de otros asuntos que nada tienen que ver con nuestro país, pero ahí quedan los truenos y el mal precedente.

¡Buena suerte con esos derechos humanos! Gracias, la necesitaremos.

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