Breve crónica beisbolera

EstadioLatinoamericano
El Latino de día. Imagen: http://www.footballopolis.org

Llegué caminando al Estadio Latinoamericano, la noche del pasado lunes, para ver el primer juego de Industriales como home club dentro de la actual temporada regular de beisbol, que recién comenzó. Las calles oscuras por donde se llega al parque aparecían iluminadas por los enormes focos sobre el terreno, cuya luz se sale del recinto y muestra, durante las noches de juego, lo misérrimo de sus alrededores. “Qué bien, Industriales está en casa”, pensé mientras iba llegando a esa mole de hormigón conocida también como El Coloso del Cerro.

Pese a haber conseguido ver un par de juegos de la Serie Mundial de Grandes Ligas, y que la comparación de ese espectáculo con la pelota cubana actual me permita captar la decadencia de esta última con mayor brutalidad y me quita los deseos de verla, no pude aguantar la curiosidad de conocer de primera mano la reacción del público habanero hacia la más reciente y controvertida “adquisición” de su equipo: la triada de los hermanos Gourriel de Sancti Spíritus y muy especialmente el mayor de ellos, Yulieski, uno de los mejores peloteros que hay en la Isla, pero que ha sido abucheado en múltiples ocasiones por la siempre indeseable afición capitalina cuando el hombre jugaba con el uniforme de su provincia natal.

Me sentí realmente bien al constatar que el público recibió a su nuevo tercer bate con respeto y admiración. Cuando anunciaron a Yulieski por el altoparlante todo el mundo se puso de pie y aplaudió, dejando atrás el choteo de otros años que le valieron al jugador no pocos sobrenombres. Ahora vestía el uniforme blanco y azul, y eso lo convertía en un industrialista más. El gesto de la gente no sólo fue bonito, sino además espontáneo. Y tal suerte tuvo su turno en el cuadro (simbólicamente inaugural), que conectó un doble al jardín izquierdo, impulsó una carrera y luego anotó otra. En fin, la llegada fue todo un éxito.

Pero más allá del estreno de los Gourriel en Industriales, mi estancia en el estadio me valió casi todo el tiempo para mirar al equipo y pensar en quiénes no estarían para la próxima inauguración de la temporada. ¿Quiénes se habrán ido para 2014?

Recordé a todos aquellos cubanos que llegaron a ligas extranjeras en 2013, o que sencillamente ya no se cuentan en los rosters nacionales. Son unos cuantos. Recordé aquel precioso Fenway Park de finales de octubre, cuando Boston se jugaba la Serie Mundial con Saint Louis, mientras ahora miraba yo el graderío posterior del “Latino” completamente vacío, los carteles ilegibles y la pizarra sin gracia. La pelota cubana, todo un símbolo de lo que Cuba es hoy: terreno descuidado, público ausente al encuentro sin adornos y jugadores que no se sabe si estarán mañana.

Y por otra parte, también recordé que este año que concluyó en las Ligas Mayores fue en realidad muy bueno para los cubanos que están allí. Me sentí ridículamente orgulloso por mis coterráneos, pues no me gusta pecar de chovinista, sólo que se me ocurrió de repente lo lejos que puede llegar Cuba a pesar de todo. Lo lejos que pudiese llegar.

Cuando pareció que la suerte estaba echada, me fui antes de que llegara la novena entrada.

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