Réquiem

Hoy todos –o casi todos– estarán hablando de lo mismo. La noticia es luctuosa: murió Nelson Mandela, la figura principal de la lucha antiapartheid en Sudáfrica y uno de los íconos mundiales de las reivindicaciones de los excluidos. El hecho no es de sorprender, dado lo comprometido de su estado de salud y lo avanzado de la edad del expresidente; mas no deja de ser propicio el momento para dedicar unas letras a quien, en lo personal para mí, constituyó un ser humano excepcional.

Lo que más admiro de Mandela no son los innumerables reconocimientos internacionales, grandes o pequeños, que tenía bien merecidos. Tampoco quisiera menospreciar el valor de su Premio Nobel de la Paz, su Premio Sájarov o sus decenas de títulos de doctor honoris causa que le otorgasen prestigiosas universidades en todo el mundo. Pero él era más que eso, porque encarnaba lo que necesita una gran parte de este mundo: la reconciliación, el entendimiento, la reconstrucción sobre la base del respeto al prójimo. Mandela encarnaba al tipo de individuo que me gustaría tener de presidente en mi país el día que termine el régimen castrista o su sistema político heredero inmediato, ese sistema empresarial que está cobrando un rostro bien definido como sucesor de una ideología comunista más “pura”.

No me parecen demasiado importantes ahora sus relaciones con algunos dictadores, incluido el despreciable de Fidel Castro. No creo que fuese un rasgo suyo esencial tener esas compañías, tan malas como ocasionales. Se me hace imposible no valorar todas las cuestiones positivas del líder africano, sin duda mucho más numerosas que sus desaciertos. Tampoco soy quien para juzgarlo.

Comparando la historia que vivió Mandela con el caso de mi tierra, las similitudes de la Cuba actual con la Sudáfrica del apartheid se me hacen evidentes en tanto que, durante décadas, ha persistido hacia el interior de la sociedad cubana una política de aislamiento y persecución a la diferencia. Estas actitudes son recogidas en leyes no escritas o que, estándolo, resultan cómodamente ambiguas para la proyección internacional del gobierno totalitario de la dinastía Castro. Aunque he aquí una diferencia con Sudáfrica: allí el apartheid era legalmente explícito.

Para ejemplificar esta tesis, pudiera comenzar mencionando el hostigamiento dirigido a quienes piensan diferente de la línea estatal y actúan o se expresan en consecuencia con sus ideas. Pese a todos los cambios anunciados y puestos en marcha en los últimos años por las autoridades del gobierno, este es incapaz de reconocer la discrepancia política. Sencillamente, quienes no estén de acuerdo con el estado de cosas no tienen derecho a la voz y sólo se pueden publicar las críticas (superficiales) que estén autorizadas por los medios oficialistas. Tan fuerte es el apartheid ideológico, que se pueden escuchar a menudo frases como “La universidad es sólo para los revolucionarios” y otros recordatorios del derecho exclusivo de quienes, supuestamente, están a favor del “proceso”. Los demás son parias sociales a ojos del Estado.

Ha existido también el apartheid según la nación de origen: en ningún lugar estuvo escrito jamás que los cubanos no podían entrar a los hoteles porque estos eran exclusivamente para extranjeros. Una ley así hubiese contravenido la propia Constitución de la República. Sin embargo, no fue sino hasta hace unos poquísimos años que un nacional pudo hospedarse finalmente en las instalaciones turísticas a donde acudían visitantes de otros países. Antes de eso, no importaba la cantidad de dinero que se pudiese tener: si eras cubano –condición que no se elige al momento de nacer– entonces eras un apestado, un ser inferior que no merecía en su propia tierra lo que un foráneo sí podía disfrutar, aunque este último fuese perfectamente igual a nosotros en todo, menos en su pasaporte.

Una nueva forma que viene adoptando el apartheid es la imposibilidad del cubano de a pie para enriquecerse o siquiera progresar en su bienestar. Eso parece ser algo reservado exclusivamente a la clase dirigente. Los cambios propuestos por las reformas raulistas apuntan al beneficio seguro de un pequeño grupo de jefes (los históricos, sus familias y acólitos más rancios), mientras que los ciudadanos comunes están expuestos a las contramedidas que dichas reformas han traído aparejadas. Nadie está a salvo de que su actividad por cuenta propia sea declarada ilegal en un sistema abiertamente contrario a la propiedad y al derecho ajenos.

Y si de maneras sutiles de exclusión se trata, ¿qué hay de la imposibilidad para un acceso a la información, a una salud decente, a una buena escuela? ¿quiénes son los poquísimos que tienen acceso a estas cosas?

Asimismo, ha habido campos de trabajo forzado, paredones de fusilamiento, mítines de repudio, golpizas, presidio político, torturas, exilio so pena de ostracismo. Muchos de estos comportamientos y actitudes persisten todavía.

El día que desaparezca el Estado que ha sido capaz de cosas así, será necesario tener un líder como Nelson Mandela. La dictadura en Cuba ha significado un trauma que será difícil de superar posiblemente muchas décadas después de que haya terminado, y uno de los elementos de la transición hacia la democracia será la reconciliación nacional. Esta incluye, por supuesto, enjuiciar a todos los que cometieron crímenes en nombre de la “Revolución”, tal como lo consiguieron aquellas Comisiones de la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica con los testaferros del apartheid. Reconciliación no significa impunidad.

Tal vez hoy el país sudafricano tenga más problemas de los que se pudieran desear. Las naciones no se construyen a sí mismas de un día para otro, y al sacar la cuenta se vería que Mandela fue investido presidente hace menos de 20 años: todavía queda camino para recorrer. Pero tengo la certeza de que era absolutamente necesario pasar por alguien como él. Cuando toque la transición en Cuba, será imprescindible algo similar pues el proceso hacia la libertad no será de un día para otro. Hay todo un país por reconstruir.

Gracias, Nelson Mandela, por tu legado.

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Un comentario en “Réquiem

  1. marctogo

    —No me parecen demasiado importantes ahora sus relaciones con algunos dictadores, incluido el despreciable de Fidel Castro.—
    Disculpa que te moleste pero no acertas, yo te recuerdo que yo lo vivi que Mandela era reconocido como un terrorista por todas las democracias occidentales. Los unicos que en sus horas de sombra en la carcel en aquella miserable celda que mantuvieron su causa y lucha fueron Fidel Castro y aunque no lo creas Kadaffi.
    Esa frase tuya aqui en los medios de comunicacion senalan [Le monde, bbc, el pais] la ayuda de Fidel Castro a Mandela durante anos. Y reconocen a Mandela como una persona agradecida. Y se me olvida decirte ante todo agradecido a el pueblo cubano, el apartheid se debilito con sus guerras en Namibia y en la financiacion de la unita de Zabimbi en Angola que luchaba contra el Mpla de Dos Santos y las tropas cubanas. La sangre cubana contribuyo a la liberacion de Mandela y la caida de el apartheid.
    y otro punto mas y no te leo mas porque parece que pecas peor que Mme Sanchez, es una burrada comparar lo que sufrio el pueblo negro de sudafrica con lo que pasa en Cuba.
    Mi hijo no te dejes llevar por la soberbia porque te hace ciego e ignorante. Fue contrario a la via seguida por Mandela.
    y sobre todo mi hijito no me tildes de castrista y algo mas, yo soy lo contrario y mas que tu, pero guardo mi realismo. Me entristece Cuba cuando veo sus hijos que asi piensan.

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