La “conducta” del cine cubano

Por estos días se estrena en La Habana el film Conducta, la película cubana más trasgresora de los últimos tiempos. En esta nueva entrega, su director Ernesto Daranas propone un guión cuyo contenido crítico y lo incendiario de algunos parlamentos convierten al film en una denuncia no sólo social, sino también EM-conducta-01política.

En esta historia hay dos personajes principales: un niño, que cursa el sexto grado en la misma aula donde una vieja maestra se esfuerza porque los problemas cotidianos en una realidad opresiva no afecten los fundamentos de una escuela, a saber, la educación y la formación para la vida.

Fuera del cine Yara, una de las grandes salas en donde se proyecta este filme, el público se abarrota: los (que) hacen cola para entrar, y los que salen para comentar este o aquel detalle interesante. Quizá estos últimos, entre otras cosas, terminan de asimilar lo que acaban de ver.

A través de un lenguaje sencillo aunque cargado de símbolos, Conducta es el tipo de obra que sabe llegar a una audiencia variada. Por un lado, está la historia de una inocencia constantemente violentada; la del pre-adolescente que está descubriendo el amor pese a que el ambiente que lo rodea es sórdido a más no poder. Por otro, cuenta las vicisitudes de una señora mayor y enferma que esgrime valores olvidados en la sociedad cubana de hoy, contra la burocracia gubernamental que es incapaz no ya de resolver problemas, sino de captarlos en su dimensión humana.  Ambos caracteres son, en esencia, positivos, y arrancan los aplausos de la gente dentro del recinto mientras la película transcurre.

Quizá lo más atrevido de Daranas y su Conducta sean los ataques a la situación política, más directos que lo acostumbrado en Cuba no obstante a su brevedad casi puntual dentro de un largometraje que dura poco menos de 110 minutos. Sin embargo, esos instantes son suficientes para desatar en muchos espectadores un deseo reprimido por expresar inconformidad. Por ahora esa euforia se limita a la segura oscuridad de un cine, sin llegar aún a contaminar plazas más abiertas.

Otra parte del público, muy amplia y joven, tiende a verse reflejada en la inmediatez de la  novela infantil y su visión simplificada más que en los múltiples mensajes que el director parece haber expresado de forma directa o cifrada. Y si bien trabajan muchos niños con dotes actorales evidentes, esta no es una película para menores de edad por lo crudo de ciertas escenas.

Con la edición a veces algo brusca en el tratamiento de una trama que se cuenta en varios tiempos y algunas tomas que pudieran eliminarse (por ejemplo, la de una pelea de perros en donde el maltrato animal no es disimulado), Conducta puede constituir otro paso de avance en el todavía largo camino hacia la “despenalización de la discrepancia”, concepto enunciado por el periodista Reinaldo Escobar.

Hasta sorprende que la censura oficial se haya permitido semejante relajo, pero los tiempos que corren en Cuba no son precisamente los del castrismo más ortodoxo. Después de todo, la “conducta” del cine cubano también mide el pulso de la nación.

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