Tecnología y censura

En un principio fueron los casetes: Betamax primero, VHS después. La gente se pasaba las películas que no ponían en la programación habitual, los documentales, los shows de televisión, las novelas, los noticieros. Existían bancos de video, casi todos clandestinos.

 

Recuerdo que en la Plaza Carlos III había uno de aquellos bancos, pero en dólares. Los casetes de allí terminaron pudriéndose porque todo el mundo prefería gastarse cinco pesos cubanos en un filme de estreno, o en los “Sábados Gigantes” donde los participantes más afortunados se ganaban un automóvil nuevo. ¡Ah, los colores brillantes del mundo exterior! El refrescante deslumbramiento que producen es un bálsamo para la realidad imperante, y la promesa de que existe otra mucho mejor, aunque distante.

 

El gobierno le tenía abierto un fuego tal al tráfico de estos productos que un mensajero era, por poco, tan terrible como un drug dealer frente a los ojos de las autoridades. Y es que lo que portaba el comerciante era, como toda droga, una mercancía que daba placer y creaba adicción: ambos, en este caso, muy sanos para el consumidor, pero terribles para un Estado total e igualitario.

 

No se vendían videocaseteras –aunque, repito, había un banco “legal” en Carlos III y en algún que otro lugar propiedad del gobierno– y la ley del aburrimiento imperaba como uno de los primerísimos mandamientos; pero las videocaseteras igual entraban. Eran traídas a miles por individuos como los marineros, por ejemplo. Se levantaron fortunas gracias a ese contrabando que, por otra parte, tanto bien le hizo al pueblo de este país porque consiguió darle a sus silenciosas y oscuras noches un toque de revelación: la vida fuera de Cuba no era en verdad la que mostraban aquí, en la TV “comunista”.

 

Así, tener un video en casa era coquetear con la disidencia. Ya podíamos bien quitar la mesa redonda o el discurso. Ver cualquier otra cosa estaría mucho mejor. Tan fácil como cambiar de canal: el aislamiento a la distancia de unos pocos toques en el control remoto.

 

Luego vinieron los DVD, y entonces los mensajeros pudieron cargar más ofertas todavía. El tráfico ilegal creció, al tiempo que las computadoras con quemadores incluidos también se multiplicaban. La industria se estaba volviendo un monstruo incontenible. Tanto, que al final hubo que brindar un marco legal (dentro de Cuba) a los incontables vendedores que ponían sus estantes, llenos de títulos a precios accesibles, en diversos puntos de La Habana, a la vista de todos.

 

Hoy, que tener una PC es bastante menos difícil que hace diez años, el negocio crece. Ahora son los “paquetes semanales” el más reciente vehículo del audiovisual. La gente los consume como caramelos, y los disfruta tanto o más. Los clientes quieren ver no sólo las películas en HD o las series norteamericanas, no: también quieren ver lo último en tecnología que salió en Youtube, el videoclip este o aquel… en fin, esas bocanadas de aire fresco que ponen el discurso oficial tan lejos de la realidad y de los anhelos de la gente; sobre todo, de quienes somos más jóvenes.

 

Hace unos pocos días asistí a un hecho curioso: mientras veía el anuncio de un móvil nuevo que había copiado de uno de estos “paquetes” (pues el público cubano está ávido hasta de comerciales), de pronto surgió un cartel en la parte superior de la pantalla: “fulano de tal, arreglo PC y celulares, buen servicio, llámame a tal número”. Por la forma en que estaba hecho, parecía puesto ahí por profesionales, ¡y el número de teléfono era de un cubano! ¡La propaganda era de aquí! Fue todo un descubrimiento para mí.

 

Hasta ese punto ha llegado la independencia, el desentendimiento de lo que parecía prohibido, el empuje de la floreciente empresa privada, el atrevimiento. El mensaje está claro: no me hace falta que la televisión me anuncie; ya lo hago yo mismo. Inclusive hay personas dedicándose a este negocio de insertar carteles publicitarios en los materiales que vienen dentro de los paquetes. Nada más tendríamos que decirles a qué queremos darle propaganda y, dinero mediante, la magia se lograría.

 

Lo “más mejor en todavía” es que, gracias a las posibilidades de la tecnología (y a la falta de leyes anti-piratería, por supuesto) esos paquetes se pueden copiar gratuitamente, sin ningún problema, e ir de mano en mano. Invaden el mercado, forman parte de un club underground de video, con sus anuncios underground, para esa Cuba también underground que viene, como las raíces de los árboles, levantando el asfalto sin pensar en más nada que crecer.

 

Sin dudas, ha habido saltos tecnológicos que consiguen burlar cada vez mejor el cerco oficial de las prohibiciones. Los “paquetes” constituyen la trasgresión llevada al siguiente nivel. La situación de las autoridades es desesperada: no pueden con esa competencia.

 

La censura, a fuerza de apretar tanto durante demasiado tiempo, hoy está fatigada y su vejez no la dejará recuperarse ya. Se halla derrotada, como los grandes tiburones fuera del agua cuando, recién pescados y sobre la cubierta del barco, tiran unos mordiscos terribles al aire. Su torpeza es agónica; sus esfuerzos, inútiles. Sólo un poco de cuidado en no coger una dentellada o un coletazo, y el tiempo hará el resto. El bicho, al final, muere. La tecnología derrota al monstruo de la censura.

 

 

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8 comentarios en “Tecnología y censura

  1. Pingback: Tecnología y censura | Bitácoras Cubanas

  2. julio b.

    La cotidianidad de Cuba es a partes iguales, dramática y sorprendente. Es difícil de creer que en pleno siglo XXI, millones de personas vivan o sobrevivan con tantas limitaciones e impedimentos; por fortuna, cada vez menos. Mi trabajo me ha llevado a gran parte de Latinoamérica, y por eso sé de primera mano, que aún en los países menos desarrollados (Bolivia, Honduras o Nicaragua), gran parte de la población tiene acceso a internet o al tvcable. Ya no hablemos de la posesión de un celular, que es algo que se da por descontado porque la practica totalidad de la poblacion tiene uno. Además hay todo tipo de supermercados, bancos, restaurantes y centros comerciales a cada paso. Sería estupendo repartir millones de copias de articulos como éste por todo el continente, porque quizás así, mucha gente que aún tiene una visión romantica de los Castro y su revolución, empezarían a comprender el tamaño del desastre, el atraso y el subdesarrollo en el que sumieron a ese pobre país.

    1. luna j m

      me gustaria saber, por que por este medio no se publica, la carta de de derchos internacionales. , los derechos humanos para que todos los cubanos conoscan sus derecho,y a los que realmente, nosda la constitucion, de hoy por que estoy seguro, que ninguno ,la sabe,osea un espasio, basado solo, en los derechos humanos de cada cubanbo, y que estan escrito, para todos los ciudadanos del mundo.. gracia hnos, aqui estamos,

  3. Pedro

    Socio (en buen cubano) he leído varias cosas que has escrito y de veras que las he disfrutado, amen de las verdades que cuentas. Muy bien de tu partes
    Gracias

  4. kmilo

    Exelente articulo, gracias a todos ustedes por su valentia de decir la verdad, ustedes son verdaderos pioneros de la democracia, un abrazo de sus compatriotas en el exterior.

  5. Robert

    Recuerdo mi Sony Betamax a finales de los 80’s y la de tardes y nooches que pasaba con mis amigos viendo peliculas amercanas que comprabamos y/o intercabiabamos en el mercado negro. Cuanto nos ayudaba a evadirnos de la uniformidad…Afortunadamente la era del VHS, el DVD y todo lo que ha venido despues la he vivido en un pais libre. Y no, no siento nostalgia ninguna de aquellos años.

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