Aterrizando

Queridos lectores:

He estado de viaje. Por primera vez he salido fuera de Cuba y he visto un pedazo de mundo. Conocí lugares y gente diferentes a todo lo que sabía de antes. No fue un tour de placer, pero yo lo convertí en algo así. En próximos posts voy a dejarlo todo escrito tal como lo recuerdo. Ahora mismo no he terminado de aterrizar porque una parte de mí se ha quedado en Bratislava, Viena, incluso en el aeropuerto de Moscú.

Antes que nada necesito publicar lo que leerán a continuación, porque mi viaje fue muy bueno, pero cuando regresé a Cuba choqué de lleno con la realidad de la cual estuve alejado poco más de una semana. Por órdenes de la Seguridad del Estado, la Aduana estaba esperándome como cosa buena –¿que lo soy, eh?– y me retuvo una cámara fotográfica, un block de notas con apuntes personales y un par de discos compactos que me regalaron unos amigos. “Bueno, aquí vamos”, pensé cuando comenzó el registro aduanero que se extendió varias horas (gracias, también, al petate que les formé a los funcionarios del aeropuerto y a mi poca o nula cooperación).

Ahora los dejo con este post. El Bastardo, oficialmente, ha regresado.

SUCHINI cotraataca

Cuando llegué al aeropuerto de La Habana, la Aduana General de la República me escogió “al azar” para hacerme una revisión “exhaustiva” del equipaje. Yo había pasado ya por dos controles llegando de Moscú y era obvio que no traía nada sospechoso, pero SUCHINI (recuerden: Sujeto Chivatón No Identificado) y compañía le habían dado órdenes a los aduaneros para que me retuviesen.

Había sido un viaje agotador: salí de Bratislava de noche, pasando la frontera entre Eslovaquia y Austria en un carro hasta el aeropuerto de Viena. Luego dos horas y algo hasta Moscú en avión y después ocho horas más de espera hasta abordar un vuelo para La Habana, mi destino final. Cuando llegué a mi país detuve el cronómetro: el salto desde Moscú a La Habana había durado doce horas y media. Pasando raya y sumando, resulta que fue un día entero moviéndome desde que dejé mi hotelito. Pero estaba feliz de regresar a mi feo y apestoso país, Cuba, en donde tengo mi hogar (y que me perdonen los ultranacionalistas).

Así que aquí estoy, con mi maleta abierta frente a un aduanero que tiene sus guantes quirúrgicos y está abriendo la bolsa plástica, bien cerradita, donde traigo la ropa sucia. ¡Qué asco! ¡Qué manera tan desagradable de ganarse la vida! ¡Por nada del mundo me veo yo oliendo los calzoncillos de nadie!

Pero así son aquí: es la miseria institucionalizada. Peor para ellos, pues en mi ropa sucia no había nada interesante. Fue cuando abrieron mi block y leyeron mis apuntes personales que detectaron una palabra terrible: “transición”. Ésa era la justificación que estaban buscando para retener mis cosas, que fueron una cámara fotográfica (una que mi madre me prestó, por cierto), un par de discos que me regalaron en Eslovaquia y el mismo block de notas que se tomaron la libertad de leer con tanta frescura, delante de mí. “Retención de la Aduana” fue lo que me tocó, por más que protesté y traté de no dejar que me pasaran por encima.

No sabía que, si todos esos objetos los hubiese traído encima en vez de guardarlos en mis maletas, los aduaneros no hubiesen podido quitármelos de encima. En todo caso, me hubiesen puesto una multa. En fin, novatadas mías. En el extranjero no tuve problema alguno, pero cuando se llega a Cuba hay que andar a la viva. Para la próxima, otro gallo cantará.

Mientras escribo este post, supongo que SUCHINI estará mirando las espectaculares fotos de mi viaje espectacular, guardadas en la cámara fotográfica. Pero le recomiendo que no sólo vea las fotos, porque si en algún momento de su vida puede viajar no se va a arrepentir de visitar los lugares a los que yo fui. Ha sido una experiencia inolvidable. Lástima que él tenga que pedir permiso a sus jefes para salir de Cuba.

La semana que viene iré a buscar mis cosas. Vamos a ver qué papelito me dan entonces. Por ahora, los dejo con los que me ha dado la Aduana General de la República.

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3 comentarios en “Aterrizando

  1. alsote

    No te preocupes que le van a gustar las fotos, no por los paisajes ni la cosas hermosas, sino por pensar que tiene control sobre algo. Ver esas fotos antes que tu familia le hace creer que tiene control sobre ti. El pobre suchini necesita sentir que tiene control sobre su propia vida y nada lo ayuda. Es como un heroinomano. Ya nada lo hace feliz. Por eso se feliz tu. Un abrazo. Publica mas del viaje.

  2. Pingback: Aterrizando | Bitácoras Cubanas

  3. santiaguero5

    Bueno que viajes y mejor todavia que regreses,no abandones tu causa que es la de todos los que no tuvimos el valor de quedarnos y enfrentar al tirano desde nuestro punto social,porque;solo basta que estes inconforme y ya no necesitas ni rifle ni metralleta,ellos tienen miedo de todo y todo es disentir para ellos.Eso si, no envejezcas,vive tu juventud como el joven que eres y no dejes que nada ni nadie te amarguen tus lozanos años.El relatode tuviaje es una deuda que esperamos ansiosos.

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