Isla afuera

He cambiado de locación.

Desde un apartamento en Miami, escribo este post para quien de alguna manera esté leyendo todavía Bastardos sin Gloria, preguntándose por qué Víctor ya no estaba escribiendo. A ese lector, y sólo a ese, le debo una explicación.

Mis últimos meses en Cuba fueron una carrera para todo, amarrando los últimos cabos sueltos -o soltando los últimos cabos amarrados- que quedaban para poder irme de mi país, a vivir a Estados Unidos. Buscando papeles, terminando o posponiendo compromisos, despidiéndome de gente, de lugares, de momentos; así fueron mis últimos días allá en Cuba. Y tamibién también temiendo que no me pudiese ir porque a última hora a alguien no le diera la gana, pero eso era pura paranoia porque quienes lo hubiesen podido impedir estarían más ansiosos de que me largara, de una puñetera vez.

Venir acá era una idea que tenía hacía tiempo y que pensé no debía compartir sino con mis más cercanos amigos. Quienes tenían que saber, sabían, y agradezco mucho el apoyo que me dieron siempre, así como su discreción.

Ahora estoy aquí, como inmigrante, en un país inmenso que me abrió sus puertas y me ha brindado la oportunidad de empezar de cero. Ya no estoy en Cuba físicamente, pero guardo esas imágenes que me transportan a donde he vivido hasta hoy. En espíritu también estoy aquí, porque era lo más importante que debía traerme además de mis zapatos, con los que salí de mi tierra por mis propios pies. Esto último es importante, mucho: por mis propios pies. Salí escapando de una realidad que no prometía nada bueno para alguien como yo, un poco dado a expresar lo que piensa y últimamente a estar perseguido e incluso encerrado; pero también fue mi decisión, y sólo mía, el irme. A fin de cuentas, hay gente mucho más valiente que sufre en Cuba por buscar un camino, y con todo, se queda.

Sólo ida: mi último recuerdo de Cuba.
Sólo ida: mi último recuerdo de Cuba.

Aclaro esto porque no es mi intención sumarme a ningún club de exiliados nostálgicos. Desde que llegué a Estados Unidos me he dedicado de manera casi exclusiva a ser feliz y a maravillarme con todo. ¿Cuba? Te quiero donde quiera que estés, pero yo soy más que un cubano. Basta ya de tanta queja por una país que, lejos de arrebatarnos,entregamos con más o menos disgusto pero abandonamos a su suerte, a fin de cuentas, muchos de los que decidimos brincar al otro lado del charco.

No soy un exiliado: soy un inmigrante. No me quitaron mi patria -o como sea se defina el lugar donde nací y crecí y amé hasta hace dos meses- porque la llevo conmigo. Algún día seré An American Citizen, pero eso no me hará menos cubano tampoco.

Ahora empiezo otra etapa. Isla afuera en vez de Isla adentro. Ahora empiezo a escribir otra vez, luego de unos meses llenos de cambios. A partir de ahora, mi blog no hablará tanto de Cuba como de mí, aunque escribir aquí siempre ha sido escribir del Bastardo.